Tal vez a alguien le sorprenda que comience mis “vidas ejemplares” de emprendedores con la autora de Harry Potter.
Pero en realidad, si hay una empresaria de éxito en el siglo XXI es esta mujer. Ha sabido crear un producto que satisface a millones de consumidores porque sabe quiénes son sus clientes: los jóvenes (y no tan jóvenes) que leen sus libros, y no los críticos literarios. Si lees sus libros, y más si lo haces en inglés, te das cuenta de que están perfectamente escritos para satisfacer al mercado al que se dirigen.
Pero si traigo aquí a Rowling no es por su habilidad para crear un producto con éxito. Supongo que muchos conoceréis su historia, pero la recuerdo aquí.
Rowling se encontró en un momento de su vida divorciada, viviendo de subsidios públicos y teniendo que cuidar y mantener sola a una niña de apenas un año. La mayoría de la gente, en su situación, se hubiera limitado a exprimir todo lo posible la teta del estado y a quejarse de su mala suerte. Ella optó por retomar un proyecto que tenía desde unos años antes: escribir una novela sobre un niño que asiste a una escuela de magia.
Escribir con un niño pequeño al lado es un problema (puedo dar fe de ello), de modo que Rowling se dedicaba a sacar a la niña de paseo en su sillita hasta que se quedaba dormida, momento que aprovechaba para meterse en un café y escribir.
De nuevo: ¿cuanta gente tiene la suficiente determinación como para hacer eso? ¿cuántas personas, en su caso, se hubieran limitado a pensar “ya escribiré mi libro cuando la niña sea un poco más mayor”?
Ángel escribía en Julio sobre un tipo que se quejaba de haber estudiado Biológicas, haber enviado más de 800 curriculums y trabajar en una gasolinera:
Llevo cuatro años (tras licenciarme) trabajando en una gasolinera, tengo el maldito vicio de comer tres veces al día, soy trabajador y cumplidor, casi mataría por trabajar como biólogo, he mandado más de 800 currículos… Nada de nada. Gracias a todos los políticos y demás élite; lo habéis conseguido, sólo vuestros hijos triunfarán en la vida.
Este tipo ya sabe quién tiene la culpa de su situación: los políticos y la élite. No es que él no sepa redactar un curriculum, o que no sepa hacer entrevistas, o que ignore que trabajar como biólogo requiere haber sacado buenas notas en la carrera y malvivir con becas durante años. No. La culpa la tienen otros. Y así él puede seguir en su gasolinera, feliz de poder lamentar su suerte sin tener que hacer nada para cambiarla.
Por eso es bueno fijarnos en el ejemplo de Rowling. Las circunstancias para escribir una novela no eran las más favorables, pero ella fue capaz de dedicar, paseo tras paseo, con cada sueño de su niña, el tiempo suficiente como para terminar el trabajo.
Cuando emprendes un negocio pasas por épocas duras: los clientes no llegan, los gastos se multiplican, Hacienda es implacable… Puedes hacer como el biólogo frustrado y quejarte de las trabas que te han impedido triunfar porque no eres de la élite que consigue financiaciones millonarias. O puedes hacer como Rowling, buscar los resquicios por donde seguir avanzando, remangarte y continuar con la faena, día tras día, hasta conseguir el éxito.
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1 fer al 20/11/2008 - 9:17 pm
buena anécdota de la vida de la escritora pero no es ni lejos un resumen de su vida y sus valores
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