Una de las peores muestras de mala educación en el ámbito profesional es dar prioridad a las llamadas de teléfono antes que a la persona con la que estás en ese momento.
Tanto si esa persona ha ido a verte como si eres tú el que le estás visitando, te ha dedicado un tiempo en exclusiva. Ha pospuesto otras tareas, se ha desplazado, ha preparado la reunión… Si le interrumpes para atender una llamada, le estás diciendo: “no eres importante para mí”.
El que te llama, por el contrario, no tiene que tener asegurada tu disponibilidad absoluta las 24 horas del día. No pasa nada por atenderle media hora más tarde. Puede volver a llamar, o puede dejar un mensaje.
Y no solo por educación, sino por eficacia. Yo recuerdo haber sufrido a un jefe que cada vez que intentabas hablar con él no solo cogía todas las llamadas que le pasaban por el fijo y las del móvil, sino que al hacer amago de salir del despacho te hacía gestos para que te quedaras. Al final, una cuestión que se podía haber resuelto en 10 minutos me llevaba más de una hora. ¿Realmente el mejor uso que se podía hacer de mi tiempo era permanecer en el despacho del jefe hojeando revistas?
Incluso si la persona con la que estás no es de tu organización, respeta y valora su tiempo, y no se lo hagas perder interrumpiendo la reunión y obligándola a escuchar tus conversaciones.
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