Gracias a las ventajas de la tecnología, cada vez es más habitual emprender desde el propio domicilio. Al fin y al cabo, con un móvil, un portátil y una conexión a Internet tienes todo lo que necesitas. Trabajar desde casa puede ser un sueño, sobre todo si lo valoras desde el atasco de vuelta a las siete de la tarde.
Hace tiempo escribí unos consejos para trabajar desde casa que le pueden venir bien a quien se lance a la aventura. Pero hoy he leído en Wired la historia de Jelly. Se trata de emprendedores tecnológicos que se reúnen para trabajar juntos una vez cada quince días. Es decir, cada uno trabaja en lo suyo, pero lo hacen en el apartamento de uno de ellos. Gupta, el anfitrión, les deja usar su Wifi para navegar y su cocina para hacerse un café. Es una solución para evitar los problemas de aislamiento, charlar con gente que está en la misma situación, compartir ideas o inquietudes…
El espíritu tiene algo que ver con Iniciador, solo que en lugar de tener lugar en un ambiente festivo es algo más “profesional”. Y que cada asistente lleve su portátil y esté conectado seguro que da juego a la hora de decir “esto es lo que estoy haciendo” o “acabo de encontrar un mashup para integrar Flickr con Twitter que es la caña”.
¿Se podría hacer algo así en España? ¿Alguien sería tan generoso como para ceder su oficina o su casa cada quince días gratis? ¿Alguna administración de esas que tienen parques tecnológicos y viveros de empresas por todas partes, no podría ceder de vez en cuando sus instalaciones por un día a emprendedores “raritos” sin pedirles nada más que el DNI?
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