Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Elogio del riesgo


No os perdáis este artículo de Larry Elder en Libertad Digital. Os copio solo un párrafo:

Estos hombres me hablaron de las oportunidades que no habían aprovechado, no porque ofrecieran unas perspectivas pobres, sino porque temían estar corriendo demasiados riesgos. Sí, es cierto que muchos de estos empresarios comenzaron negocios y fracasaron. Pero consideraron los “fracasos” experiencias de aprendizaje que los endurecieron y les hicieron más sabios de cara a futuras oportunidades. Lamentaban, sin embargo, no haber corrido aún más riesgos. “Larry, no tengas miedo de fracasar”, me decían todos más o menos con las mismas palabras.

Los padres de unos compañeros de colegio de mis hijos tienen tres McDonalds extraordinariamente prósperos en Madrid. Ella le contó a mi mujer que cuando abrieron el primero estaban con el alma en vilo: se habían hipotecado hasta las cejas para montar aquello. Tuvieron suerte, alrededor de su McDonalds surgieron un montón de pisos habitados por familias con niños, muchas empresas abrieron sedes con miles de empleados cerca, y han ganado dinero como para abrir otros dos restaurantes. Pero si hubieran sido un poco más sensatos y no hubieran cometido la locura de arriesgar todo para abrir el primero, ahora no tendrían nada de eso.

Mi madre solía decir “el que algo quiere, algo le cuesta”, y tenía razón, como en tantas otras cosas.

Quien quiere ser millonario


Agradezco muchísimo los comentarios en el blog porque, si bien no son muy numerosos, si suelen ser interesantes. Como ejemplo, lean lo que escribió Bow en el post sobre los cinco pasos para ser millonario:

Es una estrategia, sí, pero un poco aburrida, ¿verdad?

Pues sí. A nadie (o a casi nadie) le interesa una estreategia para ser millonario dentro de 20 años. Aunque sea segura. Por eso la gente juega a la lotería, o se presenta a concursos de la tele. La probabilidad no ya de hacerse millonario sino de ganar dinero es infinitamente menor, pero es una estrategia más divertida (y que requiere menos esfuerzo personal).

Hay una tercera vía para hacerse millonario, que es emprender un negocio exitoso. No es tan seguro y aburrido como ahorrar e invertir con prudencia, pero tampoco tan descabellado como esperar que te toque el Gordo o que Carlos Sobera te haga las preguntas que sabes responder.

Hay muchas motivaciones para emprender un negocio: evitar jefes, no tener horarios fijos, hacer lo que te gusta, incluso aportar a la humanidad tu idea maravillosa que mejorará la vida de millones de seres humanos. Todas ellas pueden ser válidas (aunque acabes descubriendo que los clientes son los peores jefes, o que no tener horarios fijos significa en la práctica jornadas de trabajo de 14 horas).

Pero hay una motivación esencial para que tu empresa sobreviva: la codicia. Esto es, el interés por ganar mucho dinero, más del que podrías ganar trabajando para otros. ¿Por qué? De entrada, porque el objetivo de una empresa es precisamente ganar dinero. Para ayudar a la humanidad, o realizarte como persona, es preferible fundar una ONG.

Pero hay otro motivo, tal vez más determinante en momentos clave. Poner en marcha una empresa es un proceso duro y complejo, en el que hay situaciones difíciles, y en el que muchas veces tienes la tentación de tirar la toalla. Situaciones en las que piensas que todo sería mucho más fácil si tuvieras un empleo como todo el mundo, con un sueldo a fin de mes como todo el mundo. En esas situaciones, recordar que si te empeñas en seguir y las cosas salen bien en unos años estarás descansando en las Seychelles mientras “todo el mundo” sigue madrugando cada lunes, puede ser lo único que te haga apretar los dientes, remangarte y seguir dedicado a la faena.

Como ser millonario en cinco pasos


Vía Instapundit, llego a este post con un proceso de cinco pasos para ser millonario. Existen otras vías, como ganar la lotería, recibir una herencia, o fundar una empresa de éxito. Pero si eres capaz de seguir estos cinco pasos, tienes el éxito garantizado. El problema, seguramente, está en la situación en la que empiezas. Si estás sin un duro, ahogado por las deudas, con un trabajo mal pagado y con una hipoteca que te come hasta el hígado todos los meses, lo tienes algo más difícil. Pero al menos esto te indica el camino para salir de la situación.

1. Gana dinero

Cuanto más ganes antes llegarás a ser millonario, pero incluso con un sueldo medio lo puedes conseguir. Y si no tienes un sueldo medio, haz lo que sea para conseguirlo: estudia, cambia de trabajo, aprende idiomas…

2. Vive con lo que tienes

No importa cuanto dinero ganes si te lo gastas todo, o incluso gasta más de lo que ganas. Comprarte una casa estupenda y un coche carísimo solo te proporciona la sensación de vivir como un millonario, pero nunca te permitirá serlo.

3. Ahorra dinero

100 euros o 1000 euros al mes. Lo que puedas, pero tómatelo en serio. La mayor parte de la gente primero paga las facturas, gasta y en el mejor de los casos ahorra lo que quede a final de mes, si queda algo. Si quieres ser millonario, tómatelo en serio y ahorra todos los meses al menos la cantidad que te has propuesto.

4. Invierte sabiamente

No tienes que ser un genio de las finanzas para sacarle rentabilidad al dinero que ahorras. A largo plazo, simplemente comprar acciones en una compañía y mantenerlas da grandes beneficios. Y puedes invertir también en el sector inmobiliario. La clave está en no poner todos los huevos en la misma cesta.

5. Sigue con el plan

Si has hecho todo lo anterior, lo único que te queda por hacer es seguir haciéndolo. Si tienes más ingresos, aprovecha para ahorrar e invertir más, y no para malgastarlos.

Y ya está. Hay formas más glamourosas de hacerse rico, como invertir en Google o en Apple cuando sólo son las iniciativas de un par de chicos raritos. Pero esto, si eres capaz de mantenerte fiel a tu plan, funciona.

Tercer Iniciador


Me perdí la segunda, pero ayer sí pude estar en la tercera sesión de Iniciador (lo que en un principio se conocía como Beers & Entrepreneurs). En teoría, trataba sobre la creación de equipos humanos, pero la conversación giró frecuentemente alrededor de la financiación.

Lo cual es una pena, porque un equipo excelente, sin dinero, puede sacar adelante un proyecto, pero un equipo mediocre no conseguirá el éxito ni aunque tenga las paredes de la oficina empapeladas con billetes de 500 euros.

Se apuntaron cosas interesantes, de todas maneras: ¿es mejor emprender solo y contratar o incorporar como socios a las personas clave que quieres atraer? ¿cómo consigues atraer a esas personas clave y convencerles de que dejen un trabajo seguro y bien pagado en una empresa consolidada? ¿debes contratar gente joven y formarla o es preferible pagar por profesionales maduros?

Cuestiones interesantes, sobre las que espero escribir si el tiempo no lo impide.

Lo mejor de la sesión fue la oportunidad de escuchar a Jesús Encinar, alguien que ha conseguido crear una empresa que presta un servicio útil a miles de personas, que da de comer a doscientos empleados, y que le permite lanzarse a nuevas aventuras.

Y para mí, fue interesante charlar en el ratillo de networking con David Esteban, director del hotel Arturo Soria Suites. Como comenté en mi post sobre el primer iniciador, muchas de las “empresas” que se presentan en Iniciador tienen ideas de negocio, por decirlo de alguna manera, “originales”. Tanto, que serían ininteligibles para el 99,9% de los mortales. Esto no quiere decir que no puedan dar lugar a negocios enormemente exitosos (¿Cuanta gente sabía hace 10 años lo que era un buscador de Internet?).

Pero creo que sería muy bueno que por Iniciador pasara más gente de los negocios brick&mortar, como se decía antes. De los que tienen comerciales, están en la calle y ven la cara a sus clientes.

La importancia del aspecto


Scott Adams habla en su último post sobre la importancia de la apariencia física en el futuro de las personas. Leedlo, porque como siempre es ácido y divertido, y esta vez habla de una cuestión mucho más importante de lo que parece.

El caso es que aprovechando el tema voy a dar unos consejos sobre lo que podéis hacer con vuestro aspecto para mejorar vuestras los resultados de vuestra empresa. Por supuesto, si no estáis de acuerdo con alguno o con todos, os agradeceré que aportéis vuestra opinión.

1. No esperes que la gente te valore por lo que vales.

Ayúdales a que se den cuenta de lo que vales. Eso de “la belleza está en el interior” está bien para las películas de Disney, pero en la vida real no hay príncipes azules ni hadas que te coloquen un vestido de ensueño. Depende de tí el que las personas con las que te relacionas puedan apreciar tus talentos. Tener apariencia de persona solvente y profesional puede facilitarles la tarea, y en ningún caso te puede hacer daño.

Cuando acabas de crear una empresa, su principal activo eres tú. El primer cliente no te contratará porque tengas un logo chulo, sino porque confiará en tí. Procura conseguir que cualquiera, nada más verte, piense: “Esta es una persona con la que puedo hacer negocios”.

2. Vístete un poco mejor que tus clientes.

Tan chocante puede ser ir vestido con un traje de Armani y corbata de Loewe a vender vinos a una taberna de pueblo como ir con vaqueros gastados y camiseta a vender consultoría de negocio a una gran entidad financiera. Así que, si tus clientes van en vaqueros y camiseta, tú vístete con ropa de sport cómoda pero de calidad. Si llevan trajes normalillos y corbatas de hace diez años, tú viste con trajes de mejor calidad y corbatas actuales.

De este modo, ni les abrumas con tu “elegancia en el vestir”, ni piensan que eres un “pintas”, ni te consideran un “pijo” o “más cursi que un repollo con lazos”.

3. La extravagancia es como la sal.

Un poquito mejora el plato, pero si te pasas lo arruina. Hay sectores en los que es casi obligatorio ser original en la apariencia: diseño, publicidad, moda… Si te presentas como diseñador gráfico vestido con el traje gris que compraste en la Semana Fantástica del Corte Inglés, en el mejor de los casos pensarán que eres la persona a la que deben encargar las tarjetas de visita. En estos casos, deberías ir con look gafapasta. El secreto está en conseguir que tu cliente te considere “moderno” (y por tanto alguien capaz de hacer una web o una publicidad exitosa) sin que llegues a “estrafalario” (y por tanto alguien a quien el consumo de sustancias estupefacientes le impedirá realizar el trabajo solicitado en tiempo y forma).

En otros sectores mas “tradicionales”, también es posible buscar un “toquecito” que te distinga. Yo he visto (o he utilizado) cosas como llevar un tablet para tomar notas en la reunión, llevar los documentos en una maleta tipo trolley, (lo que te da pie para hablar de tus reuniones en otras ciudades y de lo ocupado que estás), o un escudito de tu colegio profesional en la solapa… pequeños detalles que contribuyen a reforzar la imagen de profesional (ojo, sin pasarse, porque de lo contrario la imagen que das es de cretino integral).

4. Demuestra que estás sano

Vale, no todos podemos ser altos y guapos. Algunos tenemos la desgracia de haber nacido con escasa estatura, una nariz quevedesca o una hermosa calva. Pero, salvo casos de enfermedades reales, todos podemos mostrarnos como personas sanas y con las que resulta agradable conversar.

Y para ello basta con dormir bien (al menos antes de una reunión importante con un cliente), cuidar la higiene personal, llevar la ropa (corbata, escote, zapatos…) con dignidad y decoro y procurar mantener el peso en parámetros que no llamen la atención. No se trata de no tener unos kilos de más, (que muchos tenemos), sino de que demuestres que esos kilos de más no te impiden realizar ninguna actividad habitual. Cuando tienes que reservar dos asientos de avión porque no cabes en uno, tienes un problema.

¿De verdad importa dar esta imagen saludable y fresca? Pues si mi experiencia vale para algo, os puedo decir que yo sí noté, en una época en que presentaba muestras evidentes de enfermedad grave, que el trato profesional en determinadas personas no era el mismo. Creo que no es un asunto en el que la gente actúe conscientemente, pero muchas personas tienden a rechazar a quien les genera una imagen de falta de salud. Probablemente, porque eso puede ir asociado a problemas que pueden acabar afectando a cualquier relación con la persona “poco saludable”.

5. Muéstrate como lo que quieres ser, no como lo que eres

Hace tiempo leí que los médicos jóvenes, a principios del siglo XX, procuraban desarrollar una barriguita lo antes posible, y que incluso se ponían gafas sin necesitarlas. El objetivo era parecer cuanto antes un doctor maduro, porque inspiraba mucha más confianza en sus pacientes/clientes. Una barriguita, hace cien años, era señal de que “no faltaba de comer”. Es decir, era una muestra de éxito tan buena como puede serlo ahora un coche deportivo.

Si eres un jovenzuelo con una empresita que intenta vender algo a cuarentones en empresas consolidadas, procura aparentar más edad de la que tienes y viste más formal de lo que te apetecería hacerlo. Renuncia a los piercings, a los cortes de pelo extravagantes, y procura disimular los tatuajes si es necesario.

En los tiempos de las puntocom, era divertidísimo ver a los ejecutivos de los bancos hacer las ruedas de prensa en las que presentaban sus bancos on-line ataviados con un polo. La corbata estaba prohibida, porque se trataba de ser joven y dinámico.

Así que piensa bien qué quieres ser, y plantéate luego qué “disfraz” necesitas para que nada vas verte, todo el mundo sepa “quien eres”: un consultor riguroso, un técnico en la cresta de la tecnología, un abogado de prestigio, un diseñador cool…

Si dudas, copia

Consejo de propina: si tienes dudas, fíjate en el aspecto de la gente que tiene éxito en el ámbito en el que te mueves, y cópiales descaradamente. Con el tiempo, ya podrás ir desarrollando variantes personales.

La mala educación


Después de más de treinta años trabajando en el Banco de Vizcaya (ahora BBVA) mi padre pidió una excedencia y se fue a otra empresa. El motivo, un jefe inaguantable. No contó muchos detalles, pero se quejó de una cosa que a mí, en aquél momento, me llamó la atención: era un maleducado que hablaba usando palabrotas. Recuerdo que pensé que mi padre, el pobre, se había quedado antiguo, que era normal en aquellos tiempos utilizar un “coño” o un “cabrón” en el lenguaje cotidiano.

Como en tantas otras situaciones, ahora comprendo lo que mi padre quería decir con lo de la mala educación. Y sí, es muy grave. Tanto que, cuando tengáis empleados (y los tendréis si la empresa va bien), cuidar la educación delante de ellos puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso, porque es fundamental para su motivación.

Poneos en situación. Estáis trabajando para un tipo que utiliza frecuentemente expresiones del tipo “dile a Fulanito que se vaya a tomar por culo”, “me la pela”, “a ver si a esa histérica alguien le hace un favor, se la folla y se relaja un poco”, “como esos dos imbéciles hayan metido la pata les voy a dar una patada en los cojones” y así. ¿Cuál sería vuestra reacción?

Ojo, no estoy hablando de insultos directos a un empleado, lo cual entraría en la categoría de acoso laboral. Simplemente, el que en reuniones o conversaciones se utilice un lenguaje soez como el descrito, referido a terceros que no están presentes.

Antes o después los empleados acaban pensando que si el jefe tiene tan poco respeto por los ausentes, tampoco tendrá respeto hacia ellos. Si el jefe no cuida las formas en las reuniones, si no “sabe estar”, pronto los empleados dejarán de esforzarse en actuar correctamente.

La educación en un entorno profesional es algo más que responder a los correos electrónicos con celeridad. Supone respetar al otro, sea cliente, proveedor o colega, y entender que tiene otras obligaciones y otras prioridades, pero que tienes que colaborar con él para que ambos consigáis vuestros objetivos. Y supone saber que pedir las cosas por favor, con una sonrisa y dando las gracias después consigue más resultados que un par de tacos y un grito.

Os contaré una anécdota. Cuando era Ministro de Sanidad Romay Beccaría, un técnico que trabajaba para mí tuvo que ir a una reunión con él para dar apoyo con un portátil y un proyector (por aquél entonces utilizar este tipo de soportes era novedoso). El Ministro, que era gallego y ejercía de tal, tenía la costumbre de regalar un CD de Carlos Núñez a las visitas. Pues bien, Romay Beccaría saludó atentamente al técnico, le agradeció su trabajo, y le regaló el mismo disco que al Director General y los altos cargos a los que acompañaba.

Ese es el tipo de persona que consigue que la gente trabaje a su alrededor a gusto. El técnico sintió que su trabajo era apreciado, que era una persona valorada por los responsables más altos de su organización. Por el contrario, es frecuentísimo ver a mindundis a los que el cargo se les ha subido a la cabeza y son incapaces ni de dar los buenos días a nadie de nivel inferior que se encuentren por el pasillo. Pero esos a los que no saludan son personas que sienten y padecen, y que no pueden sentirse motivados trabajando para alguien que demuestra que ni siquiera merecen un “buenos días”.

De modo que, si queréis que vuestros empleados se impliquen en la empresa, si queréis que rindan al máximo, ya sabéis: tratadles con educación.