Desencadenado

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Reglas para conseguir financiación


En la sección de PYMEs de BusinessWeek han comenzado una serie sobre la financiación y el crecimiento de pequeñas empresas. El primer artículo, “Reglas para conseguir financiación” es muy bueno, así que habrá que seguirla. De momento, y para que os animéis a leerlo, os traduzco las ideas clave:

Supongamos que tienes un plan de negocios genial y [...] tienes también un gran equipo. Ahora todo lo que necesitas es dinero. Para hablar con inversores (o incluso para determinar si quieres hacerlo) primero tienes que desarrollar una estrategia de adquisición de capital. Para eso, hazte las siguientes preguntas:

¿Cuanto necesitas?

Regla nº 1: Coge más de lo que crees que necesitas.
Regla nº 2: Sólo si es barato.

El dinero es barato, las participaciones en la empresa no. Si vendes un porcentaje de tu empresa, recuperarlo es muy, muy difícil y muy, muy caro.

Calcula cuanto dinero necesitas conseguir para alcanzar objetivos específicos y con marcos de tiempo definidos: lanzar tu producto, expandir tu fuerza de ventas, o implementar nuevos métodos de fabricación.

¿Cuándo lo necesitas?

Regla nº 1: Consíguelo antes de que lo necesites.
Regla nº 2: Siempre lo necesitas antes de lo que crees.

¿De quién lo quieres?

Regla nº 1: Coge dinero sólo de alguien que te guste y a quien respetes.
Regla nº 2: Va en serio. Estarás con tus inversores entre dos y siete años. Atravesaréis el paraíso y el infierno juntos. Asegúrate de que será una buena compañía en ambas situaciones.

¿Quieres dinero “activo” o “pasivo”? El dinero activo proviene de financieros que trabajarán contigo codo con codo. Añadirán valor aportando clientes potenciales, gente influyente y más cosas. El dinero pasivo es solo dinero; sin conexiones, sin valor adicional. Si tu empresa está en un estado muy incipiente, o si los financieros tienen contactos clave que puedes aprovechar, coge dinero activo. Si ya tienes bastantes conexiones y solo necesitas dinero, coge dinero pasivo.

¿Qué compromisos estás dispuesto a aceptar?

Regla nº 1: No seas avaricioso.
Regla nº 2: Pero no dejes que se aprovechen de tí.

La perdida de participación es un compromiso, la pérdida de control es otro. Los inversores deben tener de un 20 a un 40% del consejo de administración. Más es un problema.

Por último, merece la pena conformarse con una valoración menor para conseguir un grupo de inversores más fuerte. Unos inversores fuertes y activos pueden ser definitivos; no sólo para ayudar a construir la empresa, sino para participar en futuras rondas de financiación y ayudar a conseguir más dinero cuando lleguen las vacas flacas.

Empresario a tiempo parcial


Una de las ventajas de escribir por afición es que uno puede tomarse unas vacaciones de navidad que duren casi dos meses. Sí, ya sé: esto va contra todas las reglas del buen blogger. Pero como este blog nunca ha perseguido la actualidad, sino la reflexión, tampoco me impongo mucha disciplina con respecto a la frecuencia de los posts.

El caso es que dándole vueltas a esto me acordé de un post de Jesús Encinar, allá por octubre, que pensé que sería interesante comentar: Montar una Empresa no es un Hobby.

Os adelanto que estoy de acuerdo con él, porque lo he vivido en mi propia carne. Os cuento:

1990. Mi primer “proyecto empresarial” surgió de esta reflexión: se cobra una pasta por una aplicación de informática, y a mí me pagan muy poco a la hora. En aquella época todavía se trabajaba con márgenes decentes en informática. Así que, junto a un amigo, creamos una comunidad de bienes para hacer desarrollos de software. Llegamos a tener tres clientes, alguno de los cuales incluso nos pagó bastante bien.

Pero no dejamos el trabajo, no invertimos en marketing ni en actividad comercial, y además pronto empezaron los problemas y comprobamos porqué las empresas de informática cobraban tanto al cliente y pagaban tan poco a los programadores. Al cabo de unos meses, dejamos la actividad.

1995. Descubrí Internet, aprendí un poco de HTML, y pensé que algunas empresas querrían, como ya hacían las norteamericanas, tener una página web, y que necesitarían ayuda para hacerla. En ese momento me surgió un encargo de un desarrollo de software (en Visual Basic) y pensé: ya me meteré en el lío este más adelante. Pero ya nunca lo hice.

1999. Todo el mundo estaba loco con los portales de Internet. Yo empecé a pensar en un portal con unos servicios concretos. Después de unos meses, a principios de 2000, decidí ponerlo en marcha junto con dos compañeros de trabajo (por supuesto, sin dejar nuestro trabajo fijo).

Con la idea definida, hablé con un amigo (un alto cargo de Banesto) y me puso en contacto con Nicolás Merigó, que en ese momento era responsable de inversiones en empresas tecnológicas del Banco de Santander. Nicolás me dijo: “la idea está bien, pero ya estamos metidos en un proyecto muy parecido, que está más avanzado. Habla con ellos, para ver si podéis colaborar.” Así que le hice caso, y estuve un rato charlando con… Jesús Encinar, que estaba a punto de lanzar idealista.com. Sí, mi idea genial era también un portal inmobiliario. Pero nuevamente, los meses perdidos por no dedicar el 100% de mi tiempo al proyecto lo abortaron antes de que pudiera nacer.

2002. Con un poco de dinero mío y otro poco de algunos familiares y amigos lancé Alanta, una empresa especializada en servicios en torno al software libre. Esta vez sí a tiempo completo. De hecho, tan completo que muchos días le dedicaba casi 16 horas. Aquello fue agotador, y la escasez de recursos económicos casi nos ahoga. Pero el hecho es que, aunque yo tuve que dejar la dirección de la empresa por motivos que no vienen al caso, Alanta ha sobrevivido hasta hoy.

Conclusión: yo podría haber tenido una empresa de desarrollo de software en el 90, una consultora de Internet en el 95 o una puntocom en el 99. Pero no fui capaz de arriesgar lo suficiente como para que esos proyectos llegaran a hacerse realidad. Ojo, no me engaño: es muy posible que hubieran fracasado por falta de financiación o de experiencia por mi parte. Pero el caso es que, por mantener mi sueldo fijo, no llegué a intentarlo.

De modo que, querido lector, si tienes una idea, crees en ella, y alguien con experiencia y conocimientos la ve viable, empréndela. Total, lo único que puedes perder es dinero. Y tienes muchísimo que ganar.