Escribe Enrique Dans sobre la conferencia que dio Matt Wullembeg, el creador de WordPress, en el EBE06, el evento de bloggers de Sevilla. Me interesa sobre todo lo que cuenta sobre la idea de empresa que tiene Matt:
Su compañía, Automattic, es una perfecta traslación de sus ideas. Completamente virtual, formada por personas que trabajan desde sus casas, es una compañía pequeña con vocación de pasárselo bien, de no ser comprada por ningún grande que estropee su forma de hacer las cosas:
“My idea of success is not to work for a big company. My goal is to keep it fun.”
Las “pequeñas ideas que funcionan” de Matt, como WordPress, generan además productos que se independizan del posible éxito o fracaso de su compañía:
“Even if Automattic went bankrupt tomorrow, WordPress would outlive that.”
Para Matt, la clave del éxito es disponer de un sitio con abundante banda ancha y con costes de vivienda bajos. Ni más, ni menos. Para él, sitios como Silicon Valley o las grandes iniciativas para construir entornos tecnológicos en Europa están completamente anticuadas en un momento en el que resulta mucho más sencillo y más agradable trabajar desde casa y permanecer en el ambiente que uno escoge, sea urbano y vibrante o tranquilo y sosegado. [...]
En las grandes compañías, se juzga a la gente basándose en la forma en que trabajan, no en el resultado de su trabajo, y eso destruye la ilusión de las personas, su libertad para trabajar como buenamente quieran en aquello que les gusta.
Las habilidades que se requieren para crear software se parecen más a la artesanía (o incluso al arte) que a la ingeniería. Y, sin embargo, lo habitual es tratar a los desarrolladores de software como obreros de una cadena de producción: controlar las horas de entrada y salida, limitar el acceso a Internet, estandarizar los ordenadores y el software… Yo trabajé en una consultora que ¡tenía tornos en los que se fichaba para acceder a la máquina de café!
Sospecho que sucede lo mismo con otros trabajos intelectuales. Cada vez es más importante contar con gente con talento, pero la única variable que se maneja para atraerlos es la retribución. Matt plantea una empresa que puede contratar personal en cualquier parte del mundo, a la que permite vivir donde más le apetezca y no le obliga a soportar atascos dos veces al día, ni a comer bazofia en una cantina, ni a trabajar bajo unos tubos fluorescentes en una pradera llena de ruido y gente molesta. Una empresa en la que se valora el resultado de tu trabajo, y no la cercanía al jefe del departamento ni el quedarse trabajando después de las seis.
Gestionar una decena de personas repartidas por todo el mundo tiene su aquél, probablemente, pero seguramente será más divertido que pastorear, estabular y pretender ordeñar a unos elementos que serían más felices (y más productivos) triscando libres por el campo.
También te interesará leer esto: