Desencadenado

Como crear tu empresa: información para emprendedores, real como la vida misma.

Un Manifiesto Rebelde


Bill Taylor y Polly Labarre, de Fast Company, han escrito el libro Mavericks at Work: Why the Most Original Minds in Business Win. Como corresponde a los tiempos actuales, han creado un sitio web (con su blog y todo) para promocionarlo, y también han escrito un manifiesto con las ideas clave.

Todavía no he leído el libro, pero os confesaré que el manifiesto me ha resultado muy estimulante. Tanto que lo he traducido, por si a alguien le resulta de utilidad. Podéis descargarlo desde aquí.

Leedlo entero, en inglés o en español, porque merece la pena. Os copio un fragmento con 10 preguntas que todo emprendedor debería hacerse:

1. ¿Hay un sentido de propósito diferencial y disruptivo que te diferencia de la competencia?
Las mejores compañías son las que representan las ideas más originales y convincentes. ¿Por qué ideas estáis luchando tú y tu empresa?

2. ¿Puedes ser provocativo sin provocar un contragolpe?
Hay una diferencia entre desafiar el status quo e invitar al castigo de unos rivales que son más grandes, más ricos y más despiadados que tú. Una prueba esencial para cualquier disruptor incipiente es si él o ella pueden ser también unos diplomáticos convincentes.3. Si tu empresa cerrara mañana, ¿quién te echaría de menos y porqué?
Le oímos primero esta pregunta al publicista rebelde Roy Spence, que nos dice que la tomó de Jim Collins, famoso por Good to Great. Cualquiera que sea la fuente original, la pregunta es tan profunda como simple; y merece la pena tomarla en serio.

4. ¿Eres la clase de persona con la que otra gente brillante quiere trabajar?
Si esperas que los extraños (e incluso los colegas) compartan sus mejores ideas contigo, no te sorprendas cuando esperen algo a cambio. Puede ser dinero, puede ser reconocimiento, pero casi siempre lo que atrae a la gente a los proyectos open source es la oportunidad de mejorarse a sí mismos y desarrollar sus habilidades.

5. ¿Puedes hacer que la innovación sea divertida?

Las ideas son una cosa seria, pero si trabajas para aprovechar la inteligencia de colaboradores originales, entonces tienes que trabajar para mantener tu proyecto open source colorido, dramático y energético.

6. ¿Tratas a los clientes distintos de forma diferente?
Si tu objetivo es establecer un contrato psicológico con los clientes, entonces casi por definición no atraerás a todos los clientes. Una prueba del compromiso de una compañía con sus clientes más importantes es cómo de temeraria es acerca de ignorar (e incluso ofender) a los clientes que no son nucleares para su misión. No todos los clientes son creados iguales.

7. ¿Por qué debe la gente extraordinaria unirse a tu organización?
Los mejores líderes entienden que los mejores actores de la tropa no están motivados principalmente por el dinero. La gente excelente quiere sentirse como cracks en sus organizaciones. La gente excelente quiere estar rodeada y desafiada por otra gente excelente. Simplemente, la gente excelente quiere sentirse parte de algo más grande que ellos mismos. ¿Tu empresa les ofrece esa oportunidad?

8. ¿Reconoces a una gran persona cuando la ves?
Para las organizaciones que se toman en serio competir con talento, quién eres como persona es tan importante como lo que sabes en un momento dado. Esto es, la personalidad cuenta tanto como las credenciales. ¿Sabes cómo hacer un test de personalidad?

9. ¿Trabaja tu organización de manera tan diferencial como compite?

Es una pregunta simple con enormes implicaciones para la productividad y el desempeño. Los líderes que están decididos a elevar el factor humano en los negocios entienden que el auténtico trabajo empieza en cuanto la gente con talento entra por la puerta. El rebelde experto en RRHH John Sullivan lo dice mejor: “Las estrellas no trabajan para idiotas”.

10. ¿Estás aprendiendo a la misma velocidad a la que está cambiando el mundo?

Le oímos por primera vez esta pregunta a Gary Hamel, el mundialmente famoso gurú estratégico, y es el desafío definitivo para cualquier ejecutivo o emprendedor. Los mejores líderes que hemos encontrado, independientemente de su edad, experiencia o estilo personal han sido todos aprendices insaciables. En un entorno de negocios que nunca deja de cambiar, no puedes parar de aprender nunca.

Matt Wullembeg y las empresas del futuro


Escribe Enrique Dans sobre la conferencia que dio Matt Wullembeg, el creador de WordPress, en el EBE06, el evento de bloggers de Sevilla. Me interesa sobre todo lo que cuenta sobre la idea de empresa que tiene Matt:

Su compañía, Automattic, es una perfecta traslación de sus ideas. Completamente virtual, formada por personas que trabajan desde sus casas, es una compañía pequeña con vocación de pasárselo bien, de no ser comprada por ningún grande que estropee su forma de hacer las cosas:

“My idea of success is not to work for a big company. My goal is to keep it fun.”

Las “pequeñas ideas que funcionan” de Matt, como WordPress, generan además productos que se independizan del posible éxito o fracaso de su compañía:

“Even if Automattic went bankrupt tomorrow, WordPress would outlive that.”

Para Matt, la clave del éxito es disponer de un sitio con abundante banda ancha y con costes de vivienda bajos. Ni más, ni menos. Para él, sitios como Silicon Valley o las grandes iniciativas para construir entornos tecnológicos en Europa están completamente anticuadas en un momento en el que resulta mucho más sencillo y más agradable trabajar desde casa y permanecer en el ambiente que uno escoge, sea urbano y vibrante o tranquilo y sosegado. [...]

En las grandes compañías, se juzga a la gente basándose en la forma en que trabajan, no en el resultado de su trabajo, y eso destruye la ilusión de las personas, su libertad para trabajar como buenamente quieran en aquello que les gusta.

Las habilidades que se requieren para crear software se parecen más a la artesanía (o incluso al arte) que a la ingeniería. Y, sin embargo, lo habitual es tratar a los desarrolladores de software como obreros de una cadena de producción: controlar las horas de entrada y salida, limitar el acceso a Internet, estandarizar los ordenadores y el software… Yo trabajé en una consultora que ¡tenía tornos en los que se fichaba para acceder a la máquina de café!

Sospecho que sucede lo mismo con otros trabajos intelectuales. Cada vez es más importante contar con gente con talento, pero la única variable que se maneja para atraerlos es la retribución. Matt plantea una empresa que puede contratar personal en cualquier parte del mundo, a la que permite vivir donde más le apetezca y no le obliga a soportar atascos dos veces al día, ni a comer bazofia en una cantina, ni a trabajar bajo unos tubos fluorescentes en una pradera llena de ruido y gente molesta. Una empresa en la que se valora el resultado de tu trabajo, y no la cercanía al jefe del departamento ni el quedarse trabajando después de las seis.

Gestionar una decena de personas repartidas por todo el mundo tiene su aquél, probablemente, pero seguramente será más divertido que pastorear, estabular y pretender ordeñar a unos elementos que serían más felices (y más productivos) triscando libres por el campo.

Ideas de negocio y mercado


¿Envidias a los héroes de las puntocom? ¿Querrías tú también hablar de cómo tuviste una idea de negocio genial, pero el mercado no estaba preparado para aceptarla? ¿Te gusta la idea de tener tarjetas en las que ponga “Presidente” o “Socio Director” junto a un logo de diseño, pero odias tratar con contables aburridos, con técnicos sabihondos o con clientes impertinentes?

Entonces necesitas tener una idea brillante, pero sin mercado. Así tu empresa cerrará en pocas semanas, o meses en el peor de los casos, y podrás presumir de emprendedor sin los inconvenientes de la rutinaria gestión empresarial.

Es fácil. Sólo tienes que seguir estos cinco consejos:

1. Piensa en algo radicalmente nuevo, algo que no exista en el mercado

¿Necesita el mundo otra tintorería? ¿Otro restaurante? Tú estás por encima de eso, a otro nivel. Tú eres un genio, un visionario, y tu meta es ser como Bill Gates, Steve Jobs o Sergey Brin, no como el tendero de la esquina.

Si tu imaginación no da para mucho, prueba a combinar conceptos. Por ejemplo, restaurante+tintorería= restaurante en el que dejas tu ropa al llegar para que te la laven mientras comes desnudo. Practica un poco, y seguro que das con un concepto realmente innovador del que puedas estar orgulloso.

Ni se te ocurra limitarte a investigar las posibilidades de una franquicia, o a mejorar algún proceso del área de negocio en la que trabajas. Eso déjaselo a los mediocres.

2. Copia la idea que viste en tu último viaje

Si no tienes imaginación, y no quieres aplicar el consejo anterior, siempre puedes imitar aquella idea que viste en tu viaje a Los Angeles. Copiar está perdonado si se trata de algo que has visto en California, Nueva York o Japón. Al fin y al cabo ellos crean las tendencias que seguiremos dentro de unos años, así que copiarles mantiene tu estatus de innovador.

Eso sí, no se te ocurra preguntarte, por ejemplo, si ubicar tu sushi bar chill-out vegetariano en Villatripas de Arriba tiene sentido. Hay que ser abierto y multiculturalista, y no fijarse en lo que nos diferencia sino en lo que nos une. ¿Por qué no van a poder los rudos agricultores de Villatripas relajarse con el chill-out mientras degustan un sushi de ruibarbo en lugar de ir a la tasca a tomar un tinto y echar un tute?

3. Si te gusta a tí, ya vale

Al fin y al cabo, lo importante es poner toda tu pasión en la empresa. Y eso solo puedes hacerlo si te apasiona lo que vendes. Si tú estás dispuesto a comprar tu producto, es prueba suficiente de que tiene mercado.

En todo caso, y si no te supone mucha pérdida de tiempo, puedes pedir opinión a tu familia y/o amigos. No te preocupes si todos comparten un entorno socioeconómico y una educación similares. Si preguntas a cinco personas y cuatro te dicen que comprarían tu producto, eso significa que tendrá una cuota de mercado del 100%, porque tu cuñado siempre ha sido un envidioso.

Nunca hagas una investigación de mercado. Es tirar el dinero, y necesitas mucho dinero para el diseño de tu web, el diseño de interiores del local, el diseño del logo, la publicidad y la fiesta de lanzamiento.

4. No dediques mucho tiempo a la ubicación de tu negocio

Si tu negocio requiere instalaciones físicas, búscalas en función del precio y de lo cercanas que están a tu domicilio. No te preocupes de si el entorno es el más adecuado. Es más importante no perder mucho tiempo cada día en ir a trabajar o aprovechar un local que se alquila por un precio de risa que analizar el entorno, averiguar cuál es el perfil demográfico de los vecinos, qué negocios hay en los alrededores que pueden ser competencia o complementarios, qué facilidades existen para el transporte y otras cuestiones igualmente aburridas.

Al fin y al cabo, si ya has comprobado que los tatuajes y piercings son un negocio en auge, es evidente que tu Tatoo-Saloon va a tener éxito. Aunque esté situado en una pequeña ciudad de provincias, plagada de iglesias y conventos y cuya población tiene una media de edad de 75 años. No vas a ir a Madrid o Barcelona, que son mercados ya saturados…

5. No dejes que nadie pruebe tu producto antes de lanzarlo

Ya sabes que cualquiera te puede robar una buena idea, así que cuanta menos gente conozca la tuya, mejor. Y en estos tiempos de cambio constante, el time-to market es clave: si pierdes la ocasión, pierdes el negocio. Así que en cuanto tengas la idea, lánzate sin perder ni un minuto en pruebas con usuarios.

La gente que fabrica cosas tangibles es muy dada a asegurarse que el producto tendrá éxito antes de lanzar a China una orden de fabricación de 100.000 unidades. Son taaaaan antiguos…. Como lo tuyo es una neocomunidad de otakus conectados apoyada en tags compartidos mediante un sistema de recomendación colectivo vía móvil, puedes prescindir de pruebas y lanzar tu servicio Web 2.0 en cuanto tengas un logo chulo y un nombre impronunciable. Ya irás puliendo los detalles más adelante, cuando tengas usuarios.

Si es que tienes alguno.

Porque si has seguido estos cinco sencillos consejos, tendrás casi garantizada una idea sin mercado, de la que podrás presumir durante años mientras lamentas el atraso de la sociedad en la que vives.

Will-it-Fly, una herramienta para emprendedores


Acabo de descubrir Will-it-Fly, una herramienta curiosa que puede ser de utilidad para emprendedores. Básicamente se trata de una colección de temas organizados jerárquicamente (Contabilidad, operaciones, productos…). Para cada tema, del tipo cómo entrevistar a un candidato, cómo hacer una llamada a puerta fría, tienes 20 o 30 preguntas con aspectos a considerar, y en función de tus respuestas generan una serie de consejos breves. A veces los consejos son escesivamente esquemáticos, pero sólo responder a los tests ya merece la pena, porque te obligan a plantearte muchas cuestiones en las que probablemente nunca habrías pensado.

Las pegas: está en inglés (of course), y muchos de los consejos son sólo aplicables a Estados Unidos, bien porque se refieren a su legislación o bien porque sólo son aplicables a su cultura. Pero en cualquier caso os recomiendo visitarla, porque seguro que encontráis alguna información útil para algún tema importante que tengáis ahora entre manos.

Ideas condenadas al fracaso


Scott Adams, el creador de Dilbert, escribió hace poco en su blog acerca de cuándo debes aceptar que tu idea no tendrá éxito y es el momento de abandonar. Se supone que sabe de lo que habla, porque según su propia cuenta ha fracasado en 30 aventuras empresariales y sólo ha tenido éxito en 3.

Su idea puede parecer sorprendente a primera vista: si a todo el que le enseñas un producto le gusta, el producto no tendrá éxito. Adams explica que la razón es que si le “gusta” a todo el mundo, no le “apasiona” a nadie. Para tener éxito, debes conseguir que alguien se apasione por tu producto, aunque sólo sea un 10% del público y el 90% restante lo aborrezca.

Probablemente, si lo que buscamos es tener un negocio mediocre, podamos conformarnos con un producto mediocre que no asuste a nadie, aunque tampoco apasione a nadie. Pero si queremos triunfar de verdad, haremos bien en hacer caso a Adams y centrarnos en conseguir el amor incondicional de al menos una parte del mercado.

La pregunta más difícil


William C. Taylor, uno de los fundadores de Fast Company, plantea la pregunta más difícil de responder para una empresa:

Si tu empresa cerrara mañana ¿quién la echaría de menos y por qué?

Según el autor, sólo si ofreces algo realmente único y excepcional, si has creado un ambiente de trabajo tan dinámico que los empleados tienen difícil encontrar algo similar, o si has sido capaz de crear un vínculo emocional con tus clientes, alguien te echará de menos.

Lo cual te obliga a pensar ¿de verdad mi empresa es diferente? ¿Estamos aportando valor o somos uno más del montón? ¿mantengo la vista fija en el horizonte de sueños que me llevó a crear la empresa o me limito a cuadrar ingresos y gastos?

Porque lo cierto es que muchos emprendedores ambicionan al principio algo más que una cuenta de resultados saneada, pero hay que luchar tanto para conseguir un resultado decente que pronto los sueños de crear algo distinto quedan olvidados. Y sin embargo, ser diferente hasta el punto de que empleados y clientes nos echen de menos si desaparecemos es la única manera de conseguir el Éxito con mayúsculas.

Los diez mitos sobre negocios de los geeks


Ron Garret, un VC californiano, escribe en su blog sobre los diez mitos sobre negocios que tienen los geeks. Me ha gustado tanto (habla entre otras cosas de la sobrevaloración de la idea de negocio) que he decidido traducirlo.

Los diez mitos sobre negocios de los geeks

Desde que he empezado mi nueva carrera como capitalista de riesgo me he vuelto muy consciente de algunos de los errores clásicos que los geeks cometen cuando intentan levantar dinero para un nuevo negocio. En lugar de escribir los mismos comentarios una y otra vez pensé que intentaría resumir algunos de los errores que la gente (especialmente la gente lista) comete cuando decide intentar convertir su brillante idea en dinero. Aquí está, por tanto, mi lista de los diez mitos sobre negocios de los geeks:

Mito nº 1: Una idea brillante te hará rico

Realidad: Una idea brillante ni es necesaria ni suficiente para una empresa con éxito, aunque si todo lo demás es igual no puede hacer daño. Microsoft es probablemente el ejemplo canónico de una empresa con éxito, y nunca ha tenido una sola idea brillante en su historia. (Por el contrario, Microsoft ha coseguido el éxito en gran medida buscando y destruyendo las ideas brillantes de otra gente). Google se basó en un par de ideas brillantes (page-rank, anuncios de texto, implementación paralela masiva en hardawre barato) pero ninguna de esas ideas era original de Larry o Sergey. Esto no significa que Larry, Sergey o Bill no sean unos tipos brillantes; los tres son más agudos de lo que yo puedo esperar ser alguna vez. Pero la idea de que cualquiera de ellos se despertó un día con una inspiración y se deslizó el resto del camino hasta la riqueza es un mito.

Mito nº 2: Si lo construyes, ellos vendrán.

Hay un grano de verdad en este mito. Ha habido ejemplos de empresas que simplemente construyeron un producto, lo lanzaron al eter (o ethernet) y consiguieron el éxito. (Google es el ejemplo canónico). Pero por cada Google hay diez ejemplos de empresas que tenían productos rompedores que no se vendieron por una razón o por otra. Mi ejemplo favorito es la primera compañía que intenté lanzar en 1993. Se llamaba FlowNet, y era un nuevo diseño para una red local de alta velocidad. Corría a 500Mb/s en una época en la que la ethernet de 10Mb/s era la norma. Durante más de cinco años, FlowNet tuvo mejor ratio precio/prestaciones que cualquier red disponible. Además, FlowNet tenía calidad de servicio garantizada para streaming de video. Si FlowNet hubiera conquistado el mundo tu streaming de video funcionaría mucho mejor hoy de lo que lo hace.

Pero a pesar del hecho de que a un nivel técnico FlowNet era insuperable fue un fracaso abismal como negocio. Nunca vendimos ni una sola unidad. La historia completa de por qué fracasó FlowNet me llevaría muy lejos, pero si tuviera que resumir en pocas palabras la razón por la que no se vendió es muy simple: no era Ethernet. Y si hubiéramos hecho nuestros deberes e investigado el mercado podríamos haber sabido que esto sería, si no el final, sí un obstáculo significativo. Y lo habríamos sabido antes de que gastáramos decenas de miles de dólares de nuestro propio dinero en abogados de patentes y prototipos.

Mito nº 3: Alguien robará tu idea si no la proteges.

Realidad: a nadie le importa un pimineto tu idea hasta que tienes éxito y para entonces ya es demasiado tarde. Incluso en la rara ocasión en la que consigas dar con alguien que esté tan excitado con tu idea como tú, si tiene cerebro se unirá a tí en lugar de tratar de vencerte. (Y si no tiene cerebro entonces no importa lo que haga).

La protección por patentes sirve a un propósito útil: puede hacer que los inversores se sientan calentitos y a gusto, especialmente los inversores ingenuos. Pero te recomiendo encarecidamente que te ocupes tú del papeleo de tus patentes. No es difícil cuando aprendes (consigue el libro de Holo Press “Patent it Yourself”). Lo harás mejor que la mayoría de los abogados de patentes y te ahorrarás un montón de dinero.

Mito nº 4: Lo que tú piensas importa

Realidad: no importa ni una pizca que tú y tus colegas penséis que tu idea es lo mejor desde la pizza en porciones (a no ser, por supuesto, que tus colegas sean tan ricos como para ser la base de clientes de tu empresa). Lo que importa es lo que tus clientes piensen. Es natural asumir que si tú y tus colegas pensais que tu idea es guay millones de otras personas por ahí pensarán también que es guay, y a veces sucede así, pero normalmente no. La razón es que si tú eres tan listo como para tener una idea brillante entonces tú (y probablemente también tus colegas) eres diferente de todo el mundo. No quiero sonar condescendiente, pero la triste realidad es que comparados contigo, la mayoría de la gente es bastante boba (mira cuánta gente vota a los republicanos ;-) y se preocupa de cosas bobas. (Acabo de oír hablar de una tienda de ropa en Pasadena que tiene colas que dan la vuelta a la manzana. ¡Una tienda de ropa!) Si te diriges sólo a la gente que se preocupa de las cosas que te importan a tí, entonces tu base de clientes será bastante pequeña.

Mito nº 5: Los modelos financieros son inútiles

Como en el mito nº 2 hay un grano de verdad aquí. Como le gustaba decir a Carl Sagan, la profecía es un arte perdido. No hay manera de saber con seguridad cuánto dinero va a hacer tu empresa, o cuánto le costará llegar al mercado. La razón para hacer modelos financieros es hacer una comprobación con la realidad y convencerte a tí mismo de que obtener un retorno de la inversión es al menos una posibilidad plausible. Si haces números y encuentras que para alcanzar el break-even necesitas una base de clientes que es diez veces más grande que el mercado conocido actualmente para tu producto entonces deberías replantearte las cosas. Como dijo Dwight Eisenhower: los planes son inútiles, pero la planificación es indispensable.

Este mito es la base para uno de los errores más clásicos que los geeks cometen cuando defienden sus ideas. Dicen cosas como “Incluso si sólo capturamos el 1% del mercado ganaremos mucha pasta.” Frases como esta son la demostración palpable de que no has hecho los deberes para encontrar qué quieren de verdad tus clientes. Igual podrías decir: hay una gran probabilidad de que sólo un cliente de cada ciente compre nuestro producto (y, sinceramente, ni siquiera estamos seguros de eso). No es que inspire mucha confianza.

Mito nº 6: Lo que sabes importa más que a quién conoces.

Realidad: has negado esto toda tu vida. O te educaron para creer que ser listo importa, o no creíste a tu madre cuando te dijo que que llevarse bien con los otros chicos era más importante que sacar todo sobresalientes.

La verdad es que a quién conoces importa más que lo que sabes. Esto no quiere decir que ser listo y sabio sea inútil. Saber “qué” es a menudo una manera eficaz de ser presentado a los “quiénes” adecuados. Pero al final, la gente que conoces y en la que confías (y más importante, los que confían en tí) importan más que el conocimiento real que puedas tener a tu inmediata disposición. Y hay una buena razón para esto: las decisiones de negocios son terriblemente complicadas. Ninguna persona puede amasar todo el conocimiento y la experiencia que se requiere para tomar tan amplio rango de decisiones por sí sola, de manera que la gente de negocios eficaz delegan muchas de sus decisiones en otros. Y cuando eligen en quién delegar, su primera opción es siempre gente a la que conocen y en la que confían.

Irónicamente, los programadores de C entienden esto mucho mejor que los programadores de Lisp. Una de las ironías del mundo de la programación es que usar Lisp es muchísimo más productivo que usar casi cualquier otro lenguaje de programación, pero los negocios con éxito basados en Lisp son bastante raros. La razon para esto es, creo, que Lisp te permite ser tan productivo que una sola persona puede hacer todo sin necesidad de trabajar con nadie más, así que los programadores de Lisp nunca desarrollan las habilidades sociales que se necesitan para trabajar de manera eficaz como miembro de un equipo. Un programador de C, por el contrario, no puede hacer nada útil si no forma parte de un equipo. Así que aunque programar en C es un cierto impedimento, te obliga a formar grupos cuya eficacia total es mayor que la suma de sus partes, y que colectivamente pueden avasallar a todos los programadores de Lisp que anden por ahí, aunque de uno en uno un Lispero le de cien vueltas a un programador de C.

Mito nº 7: Un doctorado significa algo

Realidad: lo único que significa un doctorado es que no eres un idiota, y que estás dispuesto a tragar con toda la mierda que supone sudar tinta en un programa de doctorado. Empíricamente, tener un doctorado está correlacionado negativamente con el éxito en los negocios. Esto se debe a que la estructura de recompensas en el mundo académico es casi el contrario exacto de la que se utiliza en los negocios. En el mundo académico, lo que piensan tus iguales importa. En los negocios, es lo que piensan tus clientes lo que importa, y tus clientes no son (casi con seguridad) tus iguales.

[ACTUALIZACIÓN: esto no quiere decir que conseguir un doctorado sea inútil. Puedes aprender un montón de cosas útiles consiguiendo un doctorado. Pero es el conocimiento y la experiencia que ganas en el proceso lo que tiene potencialmente valor (para las empresas), no el título en sí.]

Mito nº 8: Necesito cinco millones para arrancar mi negocio

Realidad: a menos que construyas hardware (en cuyo caso deberías replantearte lo que estás haciendo) probablemente no necesitas ningún capital inicial. Paul Graham ha escrito abundantemente sobre esto así que no voy a extenderme demasiado, excepto para decir esto: no necesitas mucho capital inicial, pero necesitas una voluntad para trabajar hasta dejarte la piel. Tienes que hacer fructificar tu idea brillante tú mismo; nadie lo hará por tí, y nadie te dará dinero para contratar a alguien que lo haga por tí. La razón es muy simple: si tú no crees en el potencial comercial de tu idea lo suficiente como para sacrificar tus tardes y tus fines de semana para tener una mayor parte, ¿por qué creerían otros en ella lo suficiente como para poner en riesgo su dinero arduamente ganado?

Mito nº 9: La idea es la parte más importante de mi plan de negocio

Realidad: La idea es casi irrelevante. Lo que importa es 1) ¿quiénes son tus clientes? 2) ¿por qué comprarán lo que vendes? (observa que la razón para esto puede muy bien ser algo como “Porque soy famoso y tengo una enorme base de fans y comprarán sacos de mierda de perro caducada si llevan mi nombre.” Pero en tu caso más probablemente será “Porque tenemos un gran producto que barrerá a la competencia”) 3) ¿quién está en tu equipo? y 4) ¿cuáles son los riesgos?

Mito nº 10: No tener competencia es una buena cosa

Realidad: si no tienes competencia la razón más probable es que no hay dinero que ganar. Hay seis mil millones de personas en este planeta, y es muy improbable que todos y cada uno hayan dejado un nicho de mercado lucrativo completamente sin explotar.

Las buenas noticias son que es muy probable que tu competencia sea mala. La inmensa mayoría de las empresas no funcionan muy bien. Hacen malos productos. Tratan a sus clientes y a sus empleados a patadas. No es difícil encontrar oportunidades de mercado donde puedes ir y patear a la competencia en el culo. No quieres que no haya competencia, lo que quieres es malos competidores. Y hay un montón de esos ahí fuera.

Mito especial (gratis con su suscripción de pago): Después de la salida a bolsa seré feliz.

Si no disfrutas del proceso de empezar un negocio entonces probablemente no tendrás éxito. Es demasiado trabajo, y te chupará la sangre si no te diviertes haciéndolo. Incluso si te haces asquerosamente rico tendrás simplemente más tiempo para mirar atrás a los años que desperdiciaste siendo miserable y criando tu úlcera. El encanto de los coches caros y todo eso desaparece rápidamente. Sólo hay una clase de felicidad que el dinero puede comprar, y es la oportunidad de estar en el otro lado de la mesa cuando algún chico brillante viene con una idea brillante para un negocio.

Todos estos mitos pueden resumirse en un eslogan conciso: es el cliente, estúpido. El éxito en los negocios no viene de una idea brillante. Las ideas brillantes valen un céntimo la docena. Una empresa consiste en coger una idea brillante y reunir un equipo que pueda convertir esa idea en un producto y llevar ese producto a clientes que quieran comprarlo. Es así de simple. Y de complicado.

Buena suerte.

La idea de negocio


Tendemos a pensar que lo más importante para plantear un nuevo negocio es tener una idea nueva y revolucionaria, algo que nadie haya hecho antes.

Nada más lejos de la realidad. Lo fundamental para el éxito es una buena ejecución. No sirve de nada una idea brillante si no somos capaces de llevarla a la práctica cada día, si no controlamos los costes, si no somos capaces de vender.

Además, cuando pensamos en la idea portentosa y genial, nos gusta pensar en empresas como Microsoft, Amazon o Google. Pero ninguna de estas empresas hizo algo radicalmente nuevo. Antes de Microsoft existían los sistemas operativos, antes de Amazon la venta a distancia y antes de Google los buscadores. En lo que innovaron estas empresas no fue en la idea de negocio, sino en su ejecución.

Para tener garantía de éxito, incluso, es preferible asociarse a una franquicia que crear una empresa partiendo de cero. Y es que, ante una idea original, debemos preguntarnos por qué a nadie se le ha ocurrido antes. Es posible que nuestra idea sea buena, original, factible y rentable. Pero es mucho más probable que lo que a nosotros nos parece genial sea una gran equivocación.

Nuestra idea puede ser inviable por tres motivos: no tener mercado, no ser rentable y ser extemporánea. En próximas entradas analizaremos cada uno de estos factores.

Demasiadas opciones


Carlos Corredor comenta en Baquía el libro The Paradox of Choice: Why More Is Less, de Barry Schwartz.

En él Schwartz plantea la paradoja de la elección: el exceso de opciones disponibles puede llegar a saturarnos y provocarnos un bloqueo que nos dificulte tomar una decisión.

Un emprendedor avispado sacará provecho de esto: si un consumidor enfrentado a una decisión compleja acaba por dejar de consumir, podemos hacer que elija nuestro producto si le facilitamos la tarea.

En los últimos tiempos la tendencia ha sido a la personalización de todo: como la tecnología permite hacer más cosas, hagamos un producto a la medida de cada consumidor. Y como idea no está mal, lo malo es que al implementarla muchas veces obligamos al consumidor a tomar multitud de decisiones que provocan que acabe abandonando antes de finalizar la compra.

El reto es conseguir que la mayoría de los usuarios encuentre el producto que le satisface, con el menor esfuerzo por su parte. Algo más fácil de decir que de hacer.